sábado, 26 de junio de 2010

PODER, MERCADO Y TECNOLOGÍA DEL PARENTESCO CONTEMPORÁNEO

María Eugenia Olavarría

    Este artículo tiene el propósito de discutir algunos aspectos del parentesco contemporáneo en el contexto de las sociedades individualizadas. Es un artículo corto de diez páginas donde la autora María Eugenia Olavarría intenta responder a preguntas como ¿cuáles son los procesos sociales que han llevado a visualizar de una manera distinta este ámbito de estudio clásico? y ¿Tiene aún pertinencia la teoría del parentesco en un contexto de deslocalización de las relaciones sociales?

     Olavarría comienza señalando que en la última década del siglo XX se distinguen dos grandes tendencias que obligan a repensar qué es la teoría del parentesco hoy día: primero, las nuevas discusiones sobre la articulación de las distintas esferas del poder y la dominación que han tenido que echar mano del herramental teórico con que la antropología cuenta desde hace más de un siglo para entender las relaciones entre los sexos, las generaciones y los grupos. En segundo lugar el reconocimiento a fines de los ochentas en el sentido de que, sexualidad, género y parentesco forman un único tema de estudio: el que se refiere a la institución de la reproducción humana.

     Este artículo de Olavarría está dedicado a delinear críticamente estas tendencias, así como a plantear cómo en este proceso, el parentesco se ha reconstituido, se ha repatriado –según ella lo señala- y al mismo tiempo se ha recompuesto; es decir, en cómo ha devenido en otro objeto de análisis aún más desafiante inscrito en procesos de deslocalización y de mundialización de las relaciones. En primer lugar ella comienza tomando a Godelier cuando este reconoce en el parentesco un dispositivo mediador, una especie de codificador o traductor de las relaciones sociales básicas. Por otra parte toma a Bourdieu ya que coinciden con Godelier porque este dice que la construcción simbólica del cuerpo, no se reduce a una operación estrictamente performativa de “nominación” sino que se trata de un proyecto social que tiene lugar sobre el cuerpo en sí mismo, de una transformación profunda y durable del cuerpo socialmente diferenciado, lo que él le llama la hexis corporal. Para Bourdieu, según lo señala Olavarría, el parentesco configura una auténtica economía política de la reproducción en el que las mujeres, sujetas al aparato médico y jurídico, se convierten en agentes pasivos de la reproducción, tal como ocurre en nuestra sociedad respecto del aborto y el uso de la reproducción asistida.

     Para ella hay que reconocer en el proceso de ‘repatriación’ del estudio del parentesco, uno de los vuelcos más importantes que ha llevado a este estudio a una nueva faceta. Para Olavarría este proceso consiste en mirar hacia las propias sociedades occidentales con vistas a la construcción comparativa de teorías relevantes para comprender el campo reconstituido del parentesco. Para ella el fenómeno de la repatriación del parentesco tiene que ver con todo lo que las nuevas técnicas reproductivas, han sacado a flote en términos de la obsesión biologicista de nuestras sociedades, según lo señala.

     Después de hacer una reseña de algunos importantes autores que han propuesto marcos de análisis entorno al parentesco, y después de ella traer un orden argumentativo se introduce hablar de parentesco y adopción, de las familias en la época actual en un contexto de “sociedades individualizadas” como ella les llama y de tecnologías reproductivas.

     Al final ella concluye que suponer que el parentesco, como a menudo se repite, sólo es útil en el análisis de las sociedades premodernas, equivale a ignorar el valor de la etnografía, la cual funciona a manera de contraste y que, aunque surja de un particularismo, nos hace darnos cuenta de que el modelo de parentesco que domina en la actualidad no es ni más ni menos que una configuración particular entre muchas.

bibliografía
Olavaria Maria Eugenia, Poder Mercado y Parentesco Actual Revista de Antropología Experimental Nº8, 2008 Texto 17: 235-244 Universidad de Jaén España. Disponible en Línea.

EL SURGIMIENTO DE LA FAMILIA NUCLEAR EN MEXICO

Rosario Esteinou

La autora de este articulo Rosario Esteinou comienza planteando algunas preguntas previo a abordar de lleno sus argumentos; algunas como ¿Qué entendemos por familia nuclear? ¿Cómo y cuándo surgió? ¿La familia nuclear de la que nos han hablado los historiadores tiene las mismas connotaciones que la que observamos en la actualidad?. Su objetivo en este trabajo es describir el proceso por el cual se ha dado el surgimiento de la familia nuclear moderna en México, tomando como referencia tres dimensiones analíticas: la estructura familiar, las relaciones familiares y las relaciones de parentela. En la primera parte presenta el marco analítico que utilizó, para analizar y en la segunda los rasgos que asume –la familia-durante el periodo colonial. Una de las primeras tesis que la autora expone es que a diferencia de lo que se ha planteado, la familia nuclear, como entramado de relaciones socioculturales, no surgió durante el periodo colonial sino hacia finales del siglo XIX.


Teniendo en cuenta las tres dimensiones que menciona la autora dice que tratara de reconstruir cómo se ha presentado el proceso de surgimiento de la familia nuclear en México. Para ello parte por describir cuál era el modelo dominante bajo el cual se construyó buena parte de la sociología de la familia, la forma que asumió el análisis de dichas dimensiones hasta los años hasta los años sesenta del siglo XX y los cuestionamientos que recibió en la década de los setenta. En corto lo que expone al respecto es que al transitar de una sociedad simple a otra compleja de formaciones histórico-sociales tradicionales a modernas, la familia de ser extensa se volvía nuclear. En ese tránsito, esta se modificó tanto en su estructura como en sus relaciones y en sus funciones, es decir la familia perdió potencialidad en muchas de sus funciones que eran asumidas, por otras agencias externas a ella y se caracterizó por una función eminentemente expresiva. El aumento de la división del trabajo, con el relativo proceso de especialización funcional de los subsistemas que componían el sistema social y la industrialización, constituyó el factor principal que influenció el cambio de la familia.

Esta tesis derivó de una instancia evolucionista que, a partir de pensadores del siglo XIX, permeó y condicionó también las reflexiones sociológicas del siglo pasado, creando una continuidad que vinculaba idealmente a Durkheim, quien formuló la “ley” de contracción progresiva de la familia y Parsons quien sistematizó los procesos de cambio en las estructuras familiares en términos de nuclearización y de especialización funcional. Por un lado Durkheim rechazó una concepción de la familia en términos de grupo natural y la definió como una institución socialmente determinada; por otra parte Parsons concentró toda su reflexión en el contexto de clase media urbana americana, asumiendo como centro de análisis no tanto y no sólo a la familia, sino a la relación familia-movilidad social. Él consideró a la familia nuclear —compuesta por los padres y los hijos dependientes—, aislada de la parentela particularmente adecuada para transmitir todo el sistema de valores de la sociedad americana, centrada en lo que se puede definir como una filosofía del éxito, del logro social según lo señala la autora. Rosario se centra en analizar ambos planteamientos; el de Durkheim y el de Parsons y lo que estos establecieron en torno a la familia nuclear.

Una de las ideas principales que Rosario señala del análisis de ambos autores y de las teorías en boga en la época es que dentro del campo sociológico hay una serie de estudios que cuestionó la afirmación de que la familia moderna fuera nuclear y aislada de la parentela -como se creía-. En particular se puso en discusión que nuclearización y aislamiento de la parentela —desde el punto de vista de la cohabitación— significase rompimiento de los vínculos con ésta y superación total de la lealtad y dependencia de vínculos adscriptivos. Estos estudios se concentraron en el análisis de la tercera dimensión que ella propone, en las relaciones de parentela.

Rosario va trazando una línea de diferentes autores que hicieron una revisión del paradigma evolucionista aplicados a los cambios de la familia y menciona a Peter Laslett como una de las contribuciones más importante en los inicios de los años setenta; sus estudio se centraron en la dimensión de la estructura familiar concluyendo que probablemente la forma de la familia nuclear había sido una de las características constantes del sistema familiar occidental, siendo así que la familia nuclear había precedido por siglos a la industrialización. Por otra parte menciona a la propuesta de Stone, quien sostenía que el surgimiento de la familia nuclear moderna debía ser remitido al periodo preindustrial. Él decía que la familia -en particular la inglesa- había pasado a través de tres diferentes tipos en tres épocas distintas: la “familia de linaje abierto”; formada entre 1450 y 1630, la “familia nuclear patriarcal restringida”; formada entre 1550 y 1700, y la “familia nuclear doméstica cerrada” que según él comenzó a surgir en las clases medias y superiores hacia 1620 y se consolidó progresivamente hasta 1800. Rosario señala que obviamente se trata de tendencias, no de datos absolutos los que Stone describe de cada tipo de familia.

Para Rosario de las tesis de las investigaciones que presenta de diferentes autores, centradas en el análisis de la estructura o de las relaciones familiares, deriva otro resultado relativo a la relación entre estas dimensiones, entre estructura y relaciones familiares. Para ella no se puede establecer un único parteaguas que explique el cambio en un acto único, de la estructura, de las relaciones familiares y de las de parentela. Al final ella afirma que a pesar de que todavía quedan abiertas las incursiones en este campo, y que los tiempos y modalidades varían según cada país y región, existe un consenso al respecto. Con base a lo que ha analizado en otro autores ella saca tres conclusiones: que la industrialización más que crear a la familia nuclear, contribuyó a su difusión entre estratos y clases sociales que presentaban otras formas organizativas, hasta el punto de transformarla en la forma familiar predominante de la sociedad moderna; en segundo lugar que las tres dimensiones que he señalado no mantienen una relación unívoca entre sí, sino que es importante analizar el contenido de cada una de ellas y, a partir de esto, ver la relación que se establece; y por último que es necesario también tener en cuenta la relación y el papel que desempeñan las relaciones de parentela.

En lo que vendría a ser la segunda parte de este articulo, Rosario centra su análisis en el surgimiento de la familia nuclear en México. Para ello se remite desde la época prehispánica, no sin antes aclarar que la escasez de fuentes fue una de las dificultades en la realización de esta investigación por lo que sólo describe algunos de sus rasgos más importantes al respecto de la familia nuclear. En primer lugar ella dice que un aspecto central que hay que considerar cuando se analizan la familia y las formas de estructuración del parentesco en la época prehispánica es que las relaciones de parentesco no eran conceptualizadas bajo el término de familia. La concepción de la familia parece haberse dado más en términos de corresidencia que de las relaciones centradas entre padres e hijos y parientes por lo que se puede entonces dice Rosario, hablar del término familia aplicado a esta cultura siempre y cuando se tenga presente que era básicamente concebida como relaciones de corresidencia y en donde la cooperación económica era muy importante.

Por otra parte dice que el estudio de Carrasco –uno de los autores de su investigación bibliográfica- sugiere que la estructura familiar extensa y compleja se presentaba en forma frecuente en la época prehispánica, en el centro del país, y estaba estrechamente ligada a la configuración y al funcionamiento del calpulli desarrollando funciones sociales y económicas importantes. De ser así dice Rosario este estudio parece apoyar la tesis de que, en la época prehispánica, las pautas de estructuración del parentesco y de la familia tendían a la formación de grupos más amplios y de que el parentesco constituía un principio de organización social importante. En cuanto al tipo de relaciones familiares que era característico de esta sociedad, ella dice haber contado con pocas fuentes que le brindaran información precisa acerca de los rasgos que asumían. Sin embargo encontró algunos estudios que describen la situación que encontraron los españoles a su llegada a América. En sí lo que Rosario encontró fue que la familia indígena en el periodo prehispánico y primeros decenios de la colonia tendió a presentar proporciones considerables de estructuras extensas, que el tamaño de los hogares era mayor y que las relaciones de parentela tenían una presencia y un peso muy importantes. Además que la configuración de este tipo de estructura familiar obedecía a ciertas reglas en la formación de las familias, de acuerdo con las cuales los nuevos matrimonios o uniones mantenían la residencia en casa de los padres, generalmente de tipo patrilocal, y después de unos años, una vez que obtenían el reconocimiento de la comunidad y tenían acceso a su propia parcela de tierra, se establecían independientemente aunque cuando establecían su propio hogar lo hacían en el mismo patio, solar o cerca del hogar de los padres, y así mantenían relaciones de trabajo conjunto al labrar la misma tierra y mantenían fuertes lazos de sujeción a través de la autoridad que ejercía el padre con respecto de ellos. En otras palabras, las relaciones familiares que se generaban al interior reforzaban la configuración de estructuras familiares extensas.

Por otra parte Rosario dice que varios autores, entre ellos Malvido y Gonzalbo, han señalado que a partir de la conquista y de la evangelización la familia indígena redujo su tamaño y desarrolló una tendencia hacia la nuclearización. Elementos como las epidemias, el establecimiento del peonaje, las migraciones, la erradicación del núcleo familiar, así como la difusión de la venta de la fuerza de trabajo fueron factores que erosionaron los vínculos de dependencia que daban sustento a este tipo de familia. Para el marco de análisis que le interesa a la autora ella se pregunta ¿cómo se expresó este proceso de nuclearización en las tres dimensiones que indica y qué significado tuvo en términos del surgimiento de la familia nuclear conyugal moderna?

En primer lugar dentro de la primera dimensión que menciona; la estructura familiar durante la colonia, ella señala que varios estudios han reportado la creciente presencia de la estructura nuclear en diferentes regiones del país, a finales del siglo XVIII, sin embargo el proceso de nuclearización tendió a presentarse más entre los indios, mestizos y pardos y entre los españoles y criollos en cambio, era más común la estructura de familia extensa. En esta primera dimensión de análisis Rosario hace algunas observaciones puntuales: el proceso de nuclearización de la familia en México no fue producto de un proceso de industrialización o del desarrollo de las instituciones modernas; resulta inexacto establecer que el modelo español de formación de familias implantó y difundió de manera extensiva el modelo de familia nuclear conyugal en la sociedad colonial, entre otros.

En la segunda dimensión de análisis; la de las relaciones familiares durante la colonia, Rosario señala como el principal y decisivo papel en la transformación de las relaciones familiares a la evangelización y el papel de la Iglesia católica. Para ella este elemento fue el que aportó mayores modificaciones tendientes a la configuración de relaciones familiares de tipo moderno, por lo que se dedica a describir de qué formas hizo cambios sustanciales en las relaciones familiares de estos. En síntesis lo que ella expone es que desde una perspectiva sociocultural, en el periodo colonial, no se desarrollaron relaciones familiares del tipo de la familia nuclear moderna sino que señala que la reglamentación sobre el matrimonio –por ejemplo- y su implementación tendió a delimitar un espacio familiar en donde se acotaron las relaciones de parentesco al núcleo familiar. Ella dice que al poner el acento en los lazos entre la pareja y entre ésta y los hijos, dicha concepción contravino las tendencias poligámicas y de formación de linajes, pero en su interior presentó relaciones desiguales, jerárquicas y con un escaso nivel de individualización. En este sentido, la familia se nuclearizó o individuó con respecto a la red de parientes; es decir se nuclearizó con respecto al exterior pero internamente no presentó relaciones de tipo moderno.

En la tercera y última dimensión de análisis, -ella le ha denominado- el surgimiento de la familia nuclear, ella dice que el análisis histórico de las tres dimensiones familiares que hace: de la estructura, de las relaciones internas y de las relaciones de parentela se evidencia que la estructura familiar nuclear fue una realidad que se configuró de manera importante desde el periodo colonial sobre todo entre la población indígena, pero que a pesar de dicha nuclearización, ésta no estuvo acompañada de la asunción de pautas modernas desde el punto de vista sociocultural, como sería la difusión de la neolocalidad. Además ella dice que este proceso de nuclearización coexistió con un proceso de formación de estructuras de familia extensa, el cual se presentó principalmente entre el grupo étnico español. Por otra parte a pesar de que la estructura nuclear se difundió durante el periodo colonial, el cambio en las relaciones familiares presentó un ritmo mucho más lento desde el punto de vista sociocultural en la concreción de rasgos modernos.

Rosario señala como una de sus más importantes conclusiones que las relaciones familiares adquirieron algunos rasgos de la familia nuclear en el sentido de que tendió a presentar un mayor acotamiento, individualización y debilitamiento de los vínculos de parentesco más amplios, es decir, de la parentela.

bibliografía
Rosario Esteinou (2005), "El Surgimiento De La Familia Nuclear En México", Revista De Estudios Novohispanos , t/v VOL. 31, JULIO-DIC. 2004, México, Pag 99 – 136 en Línea.

“Género y Parentesco Reconsiderados: Hacia un Análisis Unificado”

YANAGISAKO, Sylvia y COLLIER, Jane.

El objetivo de este artículo según sus autoras es revitalizar los estudios sobre el parentesco y situar los estudios sobre género en el centro teorético de la Antropología, cuestionando los límites entre estos dos campos. Además pretender desafiar el punto de vista que distingue parentesco y género, esperando –en sus palabras- renovar la promesa intelectual de los mismos, como así también reconstruirlos como totalidad.


En primer lugar hacen referencia a los estudios del parentesco, señalando que durante las pasadas dos décadas, éste dejó su posición central como foco de las etnografías y como sitio privilegiado para el debate teórico acerca de las características de la estructura social. Recientes revisiones y comentarios sobre teoría en Antropología dicen ellas que aclaran de qué manera los estudios de parentesco dejaron de generar tanto las controversias, como la innovación conceptual que tuvieron durante la primera mitad del siglo XX. Ellas señalan que ni las etnografías ni los estudios comparativos se concentran actualmente en lo que se consideraba las bases fundamentales del parentesco. En retrospectiva resaltan que la declinante importancia teórica de los estudios de parentesco fue anunciada en las décadas de 1960 y 1970 por varios intentos realizados para repensar sus conceptos centrales y métodos; intentos que señalan fueron sintomáticos de la erosión general de la fe en el modelo estructural-funcional de la sociedad. Ellas mencionan que la crítica de posguerra hacia el paradigma estructural-funcional, socavó la confianza en la noción según la cual en todas partes, el parentesco constituía un dominio de relaciones rápidamente accesible para cualquier etnógrafo equipado con un mapa genealógico.

Haciendo una breve reseña histórica ellas señalan que la discusión puntual del parentesco como un campo de análisis discreto (Schneider 1976, 1984), dominó un período de creciente escepticismo acerca del modelo institucional de sociedad que el estructural funcionalismo había provisto. A medida que se iban dando cuenta que no se podía seguir suponiendo que en cada sociedad existe una esfera de lo político que provee autoridad y el ejercicio ordenador del poder y la coerción, también se logró ver que no se podía sostener una esfera del parentesco proveedora de un sistema de derechos y deberes para la ordenada reproducción de la vida humana.

Ambas autoras demuestran que recientes análisis del parentesco, que han conservado su vitalidad conceptual y que han realizado contribuciones innovadoras a la discusión teórica en Antropología, no focalizaron el parentesco per se, sino como un aspecto de la economía política o como un aspecto del amplio sistema de desigualdad en el cual el género constituye una dimensión clave. Ellas antes que aceptar sin cuestionamientos los límites analíticos convencionales, al realizar este artículo se han preguntado de qué manera se puede ampliar nuestra comprensión ignorando la línea divisoria entre género y parentesco.

En otro orden de ideas, ella dice que con el resurgimiento de los movimientos de mujeres en la década de 1960, las antropólogas feministas se volcaron hacia los estudios de parentesco en busca de herramientas para entender el lugar de las mujeres y sus posibilidades y a raíz que las académicas feministas cambiaron su orientación centrada inicialmente en comprender la posición de las mujeres, hacia la tarea de mapear las variaciones en los roles y experiencias de las mujeres –y así entender la construcción del género en sistemas sociales específicos- se comenzó a cuestionar los principales supuestos de la teoría del parentesco. Ella dicen que las antropólogas feministas pronto comenzaron a cuestionar la presunción acerca de una esfera doméstica organizada mediante constricciones afectivas y morales del vínculo madre/hijo, a las cuales otras funciones, -económica, política e ideológica- deben agregarse sin cambiar su rol primario y “natural” de reproducción humana(según las teorías en discusión de la época). Debido a su interés en las variaciones sobre las concepciones del género, las estrategias de las mujeres y el poder de las mismas, las feministas comenzaron a relacionar diferencias observadas en experiencias femeninas en diferentes formas de organización económica, política y cultural; cuestionando de este modo: 1) la aparente naturalidad de la díada madre/hijo y 2) la relación entre la supuesta “autoridad” masculina y la actual dinámica de poder y privilegio en sistemas sociales particulares. Estas autoras señalan que no sólo ellas se cuestionaron los principios del parentesco aceptados también lo hicieron la teoría de Goody sobre la evolución del ámbito doméstico; Bourdieu al rechazar las formalistas “reglas matrimoniales” de Lévi-Strauss y el análisis cultural del parentesco de Schneider (1968, 1972).

Una de las tesis principales de estas autoras es que a la luz del desafío feminista a la teoría del parentesco, parece haber llegado el tiempo de que los teóricos del parentesco busquen en los estudios de género herramientas para reconsiderar sus análisis, ya que como lo han demostrado las feministas, ya no es adecuado considerar a las mujeres como quienes traen al parentesco principalmente su capacidad de tener niños, mientras que los hombres aportan principalmente su capacidad para participar en la vida pública. Ellas no están de acuerdo con la simple utilización de los estudios de género para comprender las preocupaciones tradicionales de los teóricos del parentesco y en cambio dicen que sostienen que género y parentesco se construyen mutuamente.

Posteriormente ellas hablan del género los factores y hechos biológicos de la reproducción sexual donde utilizan las investigaciones y tesis de Schneider para construir su camino argumentativo. Una de las principales tesis que se deriva de ambos subtítulos es que al igual que los teóricos del parentesco, los analistas de género han supuesto que hay consecuencias sociales específicas que se derivan necesariamente de las diferencias entre hombres y mujeres. Ellas ponen como ejemplo, el supuesto que se da de que las mujeres llevan la mayor carga y responsabilidad en la reproducción humana; para ellas esta noción invade los estudios de género, en particular aquellos trabajos que utilizan una distinción entre producción / reproducción. Sin embargo para ellas esta noción con frecuencia parece ser más una extensión metafórica del énfasis en el hecho de que las mujeres se embarazan de los niños que una conclusión basada en la comparación sistemática de la contribución de hombres y mujeres a la reproducción humana. En otras palabras, el hecho de que las mujeres se embaracen y los hombres no, es interpretada como creadora de una relación universal de reproducción humana.

Para estas autoras el intento de separar el estudio de las categorías de género de los hechos biológicos a los que se considera que están conectadas universalmente, refleja el intento de los teóricos del parentesco -reseñado por Schneider en 1984- de separar el estudio del parentesco de los mismos hechos biológicos. Para ellas este intento está destinado al fracaso, porque comienza a partir de una definición de su tema de base que está anclada en estos factores biológicos. Para ellas es imposible saber qué significaría el género o el parentesco si hubiera que desconectarlos completamente del sexo y la reproducción biológica. Ella dicen que no les ha quedado más elección que iniciar su propia investigación acerca de los otros con sus propios conceptos; sin dejar de poner en relieve los supuestos culturales que están engarzados con ellos, y que han limitado su capacidad de comprender los sistemas sociales conformados por otras creencias culturales.

Para Sylvia y Jane los estudios de género y parentesco construyen sus explicaciones acerca de los derechos y obligaciones sociales y las relaciones de igualdad y desigualdad entre la gente sobre características presumiblemente naturales, ambos basan la legitimidad de sus inicios en nociones acerca de las mismas diferencias naturales entre la gente, por lo que en consecuencia, lo que se ha conceptualizado como dos campos de estudio discretos, aunque interconectados, constituye un único campo.

La segunda parte de este articulo lo titulan “trascendiendo las dicotomías: el foco puesto en los conjuntos sociales”. Ellas comienzan señalando que comprender el modelo folk de la reproducción humana que subyace a las categorías y dicotomías analíticas que han dominado tanto los estudios de género como de parentesco, es el primer paso para trascenderlas y luego hay que separarse de las dicotomías poniendo el foco en los conjuntos sociales. Ellas proponen un marco de análisis; primero parten de la premisa de que no hay “hechos”, biológicos o materiales, que tienen consecuencias sociales y significados culturales en sí mismos y acerca de los mismos, para ellas las consecuencias y significados de la fuerza son construidos socialmente, como lo son los de los medios de producción o los recursos de los que depende la vida de la gente. Del mismo modo también rechazan las dicotomías analíticas y antes que dar por hecho que las sociedades están constituidas por dominios institucionales explicables funcionalmente, proponemos investigar los procesos sociales y simbólicos por los cuales las acciones humanas dentro de mundos sociales particulares vienen a tener consecuencias y significados, incluyendo su aparente organización en dominios sociales que parecen ser “naturales”.

Ellas Parten de la premisa de que los sistemas sociales son, por definición, sistemas de desigualdad, lo cual ellas dicen las fuerzan a especificar qué entienden en cada caso particular por desigualdad. Es decir, en lugar de preguntar cómo las diferencias “naturales” adquieren significados culturales y consecuencias sociales, se preguntan por qué algunos atributos y características de la gente se reconocen y evalúan diferencialmente, cosa que no sucede en otros casos. Esto requiere que su análisis comience interrogándose ¿qué son los valores culturales de una sociedad? Y ¿qué procesos sociales organizan la distribución de prestigio, poder y privilegio? A partir de esta premisa proponen un programa analítico con tres facetas, las cuales están ordenadas siguiendo el orden que consideran debe seguir cualquier análisis en particular, y sin presuponer su importancia teórica. Estas tres son:

1) El análisis cultural del significado, es decir un análisis de los sistemas culturales de significados.

2) La construcción de modelos sistémicos de desigualdad de un tipo particular.

3) Un análisis histórico, ellas dicen que el cambio es posible en todos los sistemas sociales más allá de su configuración particular de desigualdad.

bibliografía
YANAGISAKO, Sylvia y COLLIER, Jane. “Género y Parentesco Reconsiderados: Hacia un Análisis Unificado”.

Un Mundo Desbocado: los efectos de la globalización en nuestras vidas

Anthony Giddens

     Anthony Giddens se introduce a este capítulo haciendo una reflexión acerca de que existe una revolución mundial sobre cómo nos concebimos a nosotros mismos y cómo formamos lazos y relaciones con los demás y que esta avanza desigualmente en diferentes regiones y culturas con muchas resistencias. Giddens dice que existen pautas similares casi en cualquier lugar en cuanto a la familia, los matrimonios y los divorcios y que lo único que varía es el grado y el contexto cultural en el que se desarrollan. Él pone el ejemplo de China donde el matrimonio y la familia son mucho más tradicionales, es un acuerdo entre dos familias, fijado por los padres en lugar de por los individuos afectados. Él señala un estudio reciente en la provincia de Gansu, de bajo nivel de desarrollo económico, donde se descubrió que un 60 por 100 de los matrimonios eran todavía concertados por los padres. Este autor señala que hay situaciones paradójicas en la China que se moderniza, muchos de los que se divorcian ahora en los centros urbanos se habían casado a la manera tradicional en el campo.

     Este autor dice que en China se habla mucho de proteger la familia, pero que aun así en muchos países occidentales el debate es aún más ruidoso, pues esta institución conforma un ámbito para los conflictos entre tradición y modernidad, pero también es una metáfora de ellos. Hablando de la familia tradicional el autor dice que ésta sobre todo es una unidad económica. Él señala que en la Europa medieval el matrimonio no se contraía sobre la base del amor sexual, ni se consideraba como un espacio donde el amor debía florecer; además dice que la desigualdad de hombres y mujeres era intrínseca a la familia tradicional. Un ejemplo de ello lo menciona al señalar que durante gran parte de la historia los hombres se han valido amplia, y a veces conspicuamente, de amantes, cortesanas y prostitutas, pero al mismo tiempo tenían que asegurarse de que sus mujeres fueran las madres de sus hijos y lo que se ensalzaba en las chicas respetables era la virginidad y, en las esposas, la constancia y la fidelidad. Aunque en la familia tradicional no eran sólo las mujeres las que no tenían derechos, tampoco lo tenía los niños. Abonando a sus argumentos, él señala que excepto en ciertos grupos elegantes o de élite, la sexualidad en la familia tradicional estaba dominada por la reproducción; era una cuestión de tradición y naturaleza combinadas, un ejemplo de ello es que en muchas culturas tradicionales, incluida Europa occidental hasta principios del siglo XX, una mujer podía tener diez o más embarazos durante su vida.

    Por otra parte él habla de la homosexualidad. Él dice que las actitudes hacia esta estaban regidas por una mezcla de tradición y cultura y que las sociedades que han sido hostiles a la homosexualidad la han condenado normalmente por considerarla intrínsecamente antinatural. Las actitudes occidentales han sido de las más extremas; hace menos de medio siglo la homosexualidad era considerada, en general, una perversión, y así venía descrita en manuales de psiquiatría. Sin embargo Giddens señala que en las últimas décadas los elementos esenciales de la vida sexual en Occidente han cambiado decisivamente de forma absoluta. La separación entre sexualidad y reproducción es, en principio, total; la sexualidad que solía definirse tan estrictamente en relación al matrimonio y a la legitimidad, tiene ahora poca conexión con ello y para el autor esto es un resultado lógico de la ruptura entre sexualidad y reproducción.

     Para Giddens lo que en la mayoría de los países occidentales sus defensores llaman la familia tradicional fue, en realidad, una fase tardía, transicional, en el desarrollo familiar durante la década de los años cincuenta; aunque ya para esta época la familia había dejado de ser una entidad económica, y la idea de amor romántico como base del matrimonio había reemplazado al matrimonio como contrato económico y es de entonces la familia ha cambiado aún mucho más. Al respecto dice que sólo una minoría de gente vive ahora en lo que podríamos llamar la familia estándar de los años cincuenta -ambos padres viviendo juntos con sus hijos matrimoniales, la madre ama de casa a tiempo completo y el padre ganando el pan-, porque en algunos países más de una tercera parte de todos los nacimientos tienen lugar fuera del matrimonio.

     Giddens dice que en la actualidad gran parte de la vida familiar se ha transformado por el desarrollo de la pareja. Él dice que hoy la pareja, casada o no, está en el núcleo de la familia y esta vino al centro de la vida familiar al menguar el papel económico de la familia y convertirse el amor, o el amor más la atracción sexual, en la base de los lazos matrimoniales. Él dice que mientras que estadísticamente el matrimonio todavía es la condición normal para la mayoría de la gente, su significado ha cambiado totalmente. En la actualidad significa que una pareja está en una relación estable y puede, en efecto, promover esa estabilidad, pues hace una declaración pública de compromiso; sin ser necesariamente este -el matrimonio- el principal elemento definitorio de la pareja. Giddens dice que el matrimonio ya no es una institución económica, pero como compromiso ritual puede ayudar a estabilizar relaciones por otra parte frágiles y si esto se acepta para las relaciones heterosexuales debe valer también para las homosexuales.

     Al final de este capítulo Giddens se pregunta ¿Qué pasa con las zonas donde la familia tradicional permanece casi intacta, como en el ejemplo de China con el que comenzó? ¿Se volverán los cambios observados en Occidente más y más globales? Él responde que sí y cree que ahora mismo están ocurriendo estos cambios. Para Giddens la subsistencia de la familia tradicional -o de aspectos de ella- en muchas partes del mundo es más inquietante que su declive, ya que él se pregunta ¿cuáles son las fuerzas más importantes que promueven la democracia y el desarrollo económico en los países pobres? Dice que la igualdad y educación de la mujer, y por ende entonces se pregunta ¿qué debe cambiar para que esto sea posible? Responde cerrando, que sobre todo la familia tradicional.
bibliografía
Giddens, Anthony 2003 Un Mundo Desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas (traducido por Pedro Cifuentes), editorial Taurus, México, 65-79.

La recomendación del mes

Uno de los problemas que enfrentan los estudios del parentesco (y la antropología en general) en Latinoamerica esque mucha buena bibliografía está escrita sólo en Inglés. Un ejemplo de ello es este libro " El genio del Parentesco: el fenómeno del parentesco humano y la diversidad global de los términos del parentesco"

miércoles, 16 de junio de 2010

¿Existe una familia? Nuevas perspectivas en antropología.

Este artículo ha sido escrito por tres autoras. Ellas comienzan con una pregunta para argumentar que la mayoría de nuestras discusiones sobre “las familias” están nubladas por nociones inexploradas de cómo estas son realmente. Ellas argumentan que somos incapaces de apreciar la profunda importancia de lo que son las ideologías de relaciones intimas a través de las diferentes culturas

Este ensayo está dividido en tres secciones. La primera parte examina el significado de “La Familia” en las ciencias sociales a través del trabajo del trabajo de Bronislaw Malinowski quien de acuerdo a las autoras convenció a los científicos sociales de que La Familia era una institución humana universal. La segunda sección toma el trabajo de los científicos sociales y pensadores del siglo XIX a quienes Malinowski refutó, esto porque ya que ellas pretenden mostrar que Malinowski se equivocó al plantear a la Familia como institución humana universal, resulta importante explorar el trabajo de los pensadores que no cometieron estos mismos errores. Por último incursiona en las reflexiones “correctas” de los teóricos decimonónicos para mostrar algunas implicancias que puede tener entender La Familia, no como una institución concreta diseñada para satisfacer necesidades humanas universales sino más bien, como una construcción ideológica asociada al estado moderno.

En la primera parte de este ensayo ellas dicen que durante el siglo XIX –antes que Malinowski propusiera su concepto de familia- el debate en boga sobre todo con algunos exponentes de la evolución social argumentaban que los primitivos eran incapaces de tener familia ya que al ser sexualmente promiscuos los niños no podían reconocer a su padre, pero para 1913 Malinowski publica su libro The Family among the Australian Aborigines y el anterior debate acerca de si todas las sociedades tenían o no familias quedó sepultado. Para las autoras Malinowski más que haber agregado datos a una de las tendencias el libroki terminó con el debate sobre la universalidad de La Familia. En esta obra él al distinguir acto sexual de relaciones maritales, separó el comportamiento sexual de las cuestiones de La Familia, volviendo la evidencia de la promiscuidad sexual un hecho irrelevante para decidir acerca de la universalidad de La Familia. Por otra parte también argumentó que las relaciones maritales, y por lo tanto La Familia, debían ser universales ya que satisfacían una necesidad humana universal.

Malinowski en su intento de demostrar la existencia de familias entre los aborígenes australianos describió tres características de las familias que creía derivaban de la función universal de La Familia de “crianza” de los niños. En primer lugar dijo que las familias debían tener fronteras claras. En segundo lugar argumentó que las familias debían tener un lugar donde los miembros pudieran estar juntos y llevar a cabo las tareas que se asociaban al cuidado y la crianza de los niños, y finalmente argumentó que los miembros de La Familia sentían afecto los unos por los otros.

Para estas tres autoras el libro de Malinowski sobre los aborígenes australianos dio a los científicos sociales un concepto de familia que consistía en una función universal, la “crianza” de los niños. De acuerdo a lo que ellas exponen este concepto estaba montado en

1) un conjunto definido de personas que se reconocían entre ellas y se distinguían de otros conjuntos similares;

2) un espacio físico definido, un fuego y un hogar; y

3) un conjunto particular de emociones, cariño familiar.

Este concepto de La Familia como una institución para la “crianza” de los niños según lo señalan las autoras probablemente ha sido duradera porque el cuidado de los niños parece ser la función principal de La Familia en las modernas sociedades industriales.

Las autoras de este ensayo no son evidentemente funcionalistas, de hecho ellas hacen una crítica al concepto de Malinowski a través de una crítica al funcionalismo, ellas lo dicen así:

“…el error en el razonamiento de Malinowski es el mismo que se encuentra en todo análisis funcionalista: que una institución social parezca desarrollar una función necesaria no quiere decir ni que la función no se llevaría a cabo si la institución no existiese, ni que la función sea responsable de la existencia de esta institución…” (Collier, Rosaldo, Yanagisako, 5: 1997)

La segunda parte de este ensayo como ya bien lo mencionaba toma a los científicos sociales como protagonistas, pero esta vez toma el trabajo de los pensadores del siglo XIX a quienes Malinowski refutó. El propósito de las autoras es que ya que se proponen mostrar, que Malinowski se equivocó al plantear la Familia como institución humana universal, es importante explorar el trabajo de los pensadores que no cometieron estos mismos errores. Para las autoras el concepto de familia que construyó Malinowski después de una reconsideración de la evidencia etnográfica disponible sugiere que es más problemática de lo que un ingenuo observador podría pensar. Para ellas si lo que queremos es entender mejor la naturaleza de “La Familia” en el presente, se hace necesario explorar dos cuestiones importantes: la primera de ellas es por qué tantos pensadores sociales continúan creyendo en La Familia, como una institución universal; y la segunda consiste en explorar si la tradición antropológica nos ofrece alguna alternativa a la visión “natural y necesaria” de las familias. Para ellas solo examinando ambas cuestiones y a profundidad seremos capaces de sugerir “nuevas perspectivas antropológicas” para La Familia en el presente.

La tesis central de esta segunda parte para ellas es que si bien la mayoría de los científicos sociales modernos heredaron los prejuicios victorianos que tienden hacia una perspectiva que unifica a la mujer y La Familia con un conjunto aparentemente inmutables de necesidades biológicamente dadas, se ha sin embargo, fracasado en considerar una pequeña área en la cual los evolucionistas victorianos no se equivocaron, y es que ellos entendieron que las familias -como las religiones, las economías, los gobiernos o las leyes-, no son inmodificables sino el producto de variadas formas sociales, y que las relaciones entre los esposos y entre los padres y sus pequeños hijos pueden ser de diferentes maneras en los diferentes ordenes sociales; si bien los escritores del siglo XIX se formaron una concepción totalmente errónea de la sociedad primitiva, estaban en lo correcto al insistir en que La Familia, en su sentido moderno - una unidad biológica y legalmente definida, asociada a la propiedad, la autosuficiencia, con el afecto y el espacio “dentro” del hogar- es algo que emerge no en las cuevas de la Edad de Piedra sino en las formas sociales del complejo gobierno del Estado.

En pocas palabras, lo que los victorianos reconocieron es que la vida social humana ha variado en su forma “moral” - “cultural” o “ideológica”- y que hacer familias es algo más que hacer bebes. Ellos comprendieron que las familias no existen en todas partes, es una unidad moral e ideológica que no aparece universalmente sino en ordenes sociales particulares.

Por último ellas incursiona en las reflexiones correctas –según sus palabras- de los teóricos decimonónicos para mostrar algunas implicancias que puede tener entender La Familia, no como una institución concreta diseñada para satisfacer necesidades humanas universales, sino más bien como una construcción ideológica asociada al estado moderno. En Si lo que ellas expresan al final de este ensayo es que la comprensión de que La Familia no como una “cosa” concreta que satisface “necesidades” concretas, sino más bien una construcción ideológica con implicaciones morales, puede hacer posible un análisis más refinado del cambio histórico en La Familia americana y occidental, que el que se ha heredado de los funcionalistas; en ellos la Familia y sus miembros constitutivos se “adaptan” para satisfacer requerimientos funcionales creados por la industrialización de la producción. Para estas autoras una vez que comencemos a ver a La Familia como una unidad ideológica, y le prestemos el mismo respeto que a cualquier estatuto moral, podremos empezar a develar el más complejo proceso dialéctico a través del cual las relaciones familiares y La Familia, como construcción, se transformaron mutuamente, y se podrá examinar la forma en que las personas y las instituciones estatales actuaron, y no sólo reaccionaron, asignando a grupos de parentesco ciertas funciones de las que se los responsabilizo legalmente.

Bibliografía
Jane Collier Michelle Z. Rosaldo Sylvia Yanagisako. ¿Existe una familia? Nuevas perspectivas en antropología.

Cuerpo, parentesco y poder entre los Baruya de Nueva Guinea

En este ensayo Godelier dice que entre las representaciones que los Baruya tienen del cuerpo humano se propone examinar particularmente aquellas que conciernen al proceso de concepción y de crecimiento de los niños. Para ello el comienza hablando de qué es un niño para los Baruya, él dice que para ellos los niños son el producto de la unión sexual de un hombre y una mujer y de la intervención del sol, poder cósmico que al desprenderse de la tierra con la cual estaba mezclado y elevándose sobre ella, seguido por la luna, puso fin a las primeras edades del universo y estableció el orden cósmico que ha reinado hasta nuestros días. La luna, según las versiones esotéricas del mito Baruya que señala Godelier, es la esposa del sol, pero en las versiones esotéricas del maestro de los chamanes, la luna es el hermano pequeño del sol y ambos se encuentran en el origen de la sucesión de las estaciones y del éxito o fracaso de los cultivos. Si el sol desciende muy cerca de la tierra, todo lo que crece arde y se seca; si es la luna, el mundo se vuelve frío y húmedo. Podemos ver según señala Godelier que entre los Baruya existe un fuerte misticismo y creencia en las fuerzas de la naturaleza en las diferentes esferas de su vida.


Al respecto de la fecundación y desarrollo de los niños Godelier explica que este es concebido cuando el semen del hombre penetra en una especie de saco de bilum, “tandatta” que está en el vientre de la mujer y allí se encuentra encerrado y el semen produce los huesos del niño y su esqueleto; por otra parte la piel proviene del hombre y de la mujer y la sangre parece crecer a medida que el embrión se desarrolla. Como “la piel” significa también la carne en baruya, el hombre produce el esqueleto –la cabeza, las manos y los pies, partes esenciales del individuo- y una parte de la carne y la mujer produce otro tanto. Godelier señala que el recién nacido no es solamente el producto de la unión de un hombre y una mujer, pues en el curso del embarazo el sol interviene para dar al embrión su forma definitiva, él lo termina al hacer crecer los dedos de las manos y de los pies y fabricar la nariz, la boca y los ojos.

Godelier después de dar una vasta descripción de las ideas y concepciones de los Baruya entorno a la relación de pareja y las leyes que los rigen en diferentes actividades de su vida – relaciones coitales, la menstruación de la mujer etc- señala que un cuerpo humano entre los baruya está habitado por un espíritu o por muchos. Para ellos el espíritu es cualquier cosa que se encuentra alojada en la cabeza, bajo la cima del cráneo. El espíritu de un individuo se aloja muy tardíamente en su cuerpo y este espíritu es a menudo el de un antepasado que vuelve al cuerpo de algunos de sus descendientes. Godelier dice que algunos meses después del nacimiento de un niño, cuando se está seguro de que vivirá y el padre ha hecho un don ritual a su familia materna, al linaje de su esposa, entonces se le da un primer nombre, y se guarda en secreto todavía el segundo, el gran nombre que él o ella llevará después de haber sido iniciado(a). Este nombre es el que llevaba su abuelo o su tío abuelo, su abuela o su tía abuela, según se trate de una hembra o un varón. Existe entre los Baruya transmisión de nombres entre individuos de un mismo linaje que pertenece a generaciones alternas.

Por otra parte entre los baruya se entierra o se expone a los muertos en una especie de tierra de nadie, en el flanco de una montaña, la cabeza volteada hacia sus territorios de caza y sus ríos. Una de la ideas centrales entorno a la muerte para los baruya es que la tierra nutre a los hombres, pero los hombres abonan con su carne la tierra que dejan a sus descendientes; Godelier dice que si bien los baruya conciben la agricultura como una especie de pasaje del salvajismo a la civilización, ellos hacen de la muerte la condición de este pasaje. Por otra parte también denota que los baruya eran caníbales que se comían a sus enemigos y no solamente a los guerreros más valientes, muertos en combate, cortaban sobre el campo de batalla los brazos y las piernas de un cierto número de cadáveres; por lo que, para los baruya el cuerpo humano no es solamente fuerte y bello es igualmente apetecible.

Mas adelante Godelier señala que para los baruya el poder de los hombres está formado por la adición y conjunción de los poderes masculinos y femeninos. El poder de los hombres reside en su semen, que hace los huesos y da fuerza, pero es en el vientre de las mujeres donde crecen los niños y son ellas quienes los traen al mundo y los educan. Él dice que los hombres actúan colectivamente fuera de las relaciones de parentesco y del círculo de los padres para producir y reproducir su fuerza, su identidad, su superioridad sobre las mujeres. Godelier se extiende hablando de cómo es el trato de los hombres baruya con las mujeres baruya y como estas relaciones en cierto sentido y áreas han sido de violencia sobre las mujeres al grado de a veces matarlas.

Por otra parte Godelier habla de La penetración de la manera de existir juntos en el cuerpo de los baruya –tal como nombre el tercer apartado de su ensayo-. Él comienza hablando de el ritual de iniciación de los jóvenes haciendo un adescripción y análisis del mismo. Posteriormente él habla de las relaciones de propiedad, de pertenencia y de dominación implicadas en las representaciones baruya del proceso de concepción de un niño, al respecto dice que entre los baruya el padre representa al “ genitor” del niño y la madre del niño a su “genitora”, el primero contribuye a la concepción su semen –en baruya, lakala alye, agua del pene- y la segunda con su carne. El semen produce los huesos, el armazón del individuo y este igualmente nutre al feto en el vientre de la mujer. La relación entre semen de hombre y carne de la mujer es, pues según lo señala Godelier, una relación entre dos sustancias complementarias, pero en la cual una tiene un poder fecundante y nutritivo superior a otra, y lo que nos dicen estas representaciones es que el hombre es superior a la mujer, pero que su unión es necesaria.

Por otra parte Godelier dice que el doble papel dado al semen parece legitimar el hecho de que los niños pertenezcan al padre –y a los parientes paternos por el semen del padre- y corresponde al modo de descendencia que domina en la organización de las relaciones de parentesco entre los baruya, la descendencia a través de los hombres, el principio patrilineal de descendencia. La madre y los familiares de la madre tienen igualmente derechos sobre esos niños, porque han nacido de su carne. Él dice que al hermano de la madre se lo llama apia unié (tío de pecho), para distinguirlo de los tíos maternos clasificatorios, y sus hijos, los primos cruzados matrilinealmente de Ego, se llaman “primos de pecho” y por el contrario, los primos cruzados patrilaterales; los hijos de la hermana del padre, se llaman “primos del hígado” (kalé). Un año después del nacimiento de un niño, cuando se cree que sobrevivirá, el padre ofrece un puerco, sal y otros presentes al hermano de la madre y a partir de ese día, puede ver el rostro de su hijo, que hasta entonces le había sido ocultado y hasta entonces el niño comienza entonces verdaderamente a pertenecerle. Por último el niño es descendiente de los dos grupos, pero no pertenece más que a uno, el del padre, aunque el de la madre tenga también derechos y obligaciones muy importantes con él.

La terminología de parentesco baruya es de tipo iroqués según lo señala Godelier y distingue, con respecto a Ego, a los primos paralelos y a los primos cruzados. Si nos ponemos en el punto de vista de un Ego masculino, no puede desposar a ninguna de sus primas paralelas patrilaterales, pues ellas pertenecen al mismo linaje que él y descienden del semen de los mismos antepasados y una unión tal sería considerada como incestuosa y castigada con la muerte. Puede desposar una prima paralela matrilateral, con la condición de que la madre de la joven no haya estado casada con un hombre del linaje del muchacho.

Posteriormente Godelier habla de las representaciones baruya del crecimiento y del desarrollo de un niño, él dice que a los ojos de los baruya, una niña crece más fácil y rápidamente que un varón, la prueba es que cuando una niña tiene sus primeras reglas su cuerpo está ya en pleno desarrollo, mientras que los varones de su edad son todavía pequeños y delgados. Existe una especie de carrera entre niños y niñas donde las niñas ganan. A diferencia de las hijas, que dan a los baruya la impresión de desarrollarse casi solas cerca de su madre y en el seno de la familia, para llegar a ser hombres y ser finalmente más fuertes que las mujeres, los muchachos necesitan ser separados de su madre y recibir una enorme cantidad de cuidados y de fuerzas que les son prodigados por el conjunto de los hombres gracias a la intervención de los hombres del Kwaimatnié, por el sol y los otros poderes sobrenaturales, la luna, las pléyades, etcétera. Godelier agrega que entre los baruya si el niño es varón, en primer lugar la fuerza que le dan los dones reiterados de semen de los iniciados mayores que él, lo nutren en la casa de los hombres; y si es una niña, esta fuerza le vendrá de la leche que le dan las mujeres que acaban de ser madres. Hay también la savia (simiente-leche) de los árboles, que los padrinos de cada iniciado aspiran en su boca para darla a beber al niño. Godelier Señala de paso que todo iniciado baruya tiene dos padrinos de edad diferente, tomados en general de su linaje materno y de los cuales uno es considerado “como su madre” y el otro “como su hermana”. Para Godelier las funciones maternas se encuentran, transferidas y traspuestas en el mundo de las iniciaciones, pero masculinizadas.

Así, por la conjugación de todas estas fuerzas que Godelier ha descrito hasta aqui, se reproduce la estructura de la sociedad baruya y sus jerarquías: la que existe entre los hombres y las mujeres y la que existe entre los grandes hombres y los demás. Al final de este ensayo Godelier se plante la pregunta ¿Qué es lo que justifica, a fin de cuentas, ante los ojos de los baruya, tal diferencia de estatus y de destino entre hombres y mujeres? Ël dice que según su nvestigación hay dos grandes razones: las mujeres no tienen semen y de su cuerpo se escurre regularmente sangre menstrual. Dos razones negativas, pero diferentes, la ausencia de semen es negativa por privación, la presencia de sangre menstrual es negativa por su acción misma.

Al finalizar Godelier dice que se puede señalar un hecho fundamental, entre los baruya la diferencia entre el cuerpo del hombre y de la mujer, diferencias anatómicas y psicológicas, sirven para enunciar y sellar el destino social de cada uno. El cierra su ensayo dejando el debate abierto en torno a una pregunta ¿hasta dónde llega la lógica en el juego y la variedad de “lógicas” simbólicas, sociales y materiales que son las sociedades?
Bibliografía
Godelier, Maurice, Cuerpo, parentesco y poderes entre los Baruya de Nueva Guinea en: Cuerpo, parentesco y poder. Perspectivas antropológicas y críticas, Quito, Abya Yala, 2000, p. 19-89.